Hace días estamos encerrados en nuestro hogar temporal en Coímbra, Portugal. Todo cambio desde hace una semana, cuando el virus COVIT19 se descontroló en Italia y después España y cuando estábamos cerca del estreno de estrenar nuestra obra de teatro producto de largos siete meses de formación en TEUC. Por otro lado con algunos de los compañeros del grupo creamos el “Colectivo Véu” después de haber hecho una performance alucinante en las escaleras Monumentales el pasado 6 de marzo.
Me sentía cerca de llegar a consumar lo que por años buscaba: sentirme una actriz, con una agenda de presentaciones, proyectos a futuro, amigos y compañeros de trabajo moviendo las cosas para que suceda, el grupo, el círculo, la fiesta. Pero el mundo paro, y volví a ser yo en presente, no había futuro, no había trabajo por hacer, había un encierro por preservar la vida.
El 11 de marzo tuve la primera crisis emocional, una angustia apretaba mi pecho, trabajé para defenderme de ese estado y evadí. Hablé con mi amiga Lía ella estaba en las mismas, teníamos las ganas de decidir sobre la situación y a la vez no poder controlar nada. El control como algo que me daba placer no existía en ella ni en mi en esa conversación.
Intentamos expresarnos con el grupo de teatro, algunos estaban incrédulos. Hoy estamos todos en casa, en la misma situación de incertidumbre y miedo.
Bruno y yo teníamos un viaje a Paris, Bruno había trabajado en un itinerario por días, siguiendo rutas de películas que nos gustaron, lo hacemos así para no desperdiciar ni un centavo porque aquí estamos por un proyecto específico y por un tiempo determinado, todo estaba bajo control pero… cancelamos el viaje, fue difícil, lo hicimos en la madrugada, una ola de incertidumbre apareció y era más fuerte de lo que podíamos nadar, a pesar de estar las fronteras abiertas y era posible, decidimos no ir, afortunadamente ya que dejaríamos a nuestro perro-hijo al cuidado de una amiga y nosotros nos hubiéramos quedado atrapados en Francia por meses, con las fronteras cerradas, sin dinero, lejos de casa, sin nuestro hijo, sin dinero.
Desde el jueves 12 de marzo en la tarde, comenzó la cuarentena, una serie de conversaciones con nuestras familias en Ecuador y Brasil nos ponían en tensión, intentando pedirles que se queden en casa, que se venía una situación incontrolable y que el sistema de salud iba a colapsar, no había forma, todo fue en el momento de ellos y procesos de cambiar sus rutinas hasta llegar a encerrarse en sus casas. Ahora ya están en la misma situación que nosotros.
Al medio día de ayer tuve una crisis emocional, podría decir que fue un ataque de pánico por sus características. Mi pecho quedo apretado, así me fui a dormir. Hoy amanecí sin dolor y respirando tranquilamente.
Decido escribir esto porque el contagio está llegando cerca de mi familia en Ecuador y mis pensamientos y sentimientos van cambiando tan rápido que no tengo en este momento estabilidad emocional. Luego de esto voy a necesitar terapia y miles de personas más, quizás busque ayuda antes porque no sé si pueda aguantar tanta angustia en mi cuerpo. Ayer fue exhaustivo. Debo resistir y aceptar lo que venga.
Pensé mucho en mi papá, en la muerte y definitivamente no tengo miedo de morir, tengo miedo de que alguien que amo muera de esto y estar aquí encerrada en otro país, físicamente imposibilitada de hacer algo y entender que tampoco podría hacerlo si estuviera allá. Lidiar con esto me está consumiendo.
Ayer hable con mis amigas de Salinas y me dio nostalgia por no estar allá cerca de ellas. Al instante me di cuenta que estando allá, sería igual, no podría verlas, no podría salir, no podría tampoco ir al velorio de nadie.
Luché siempre por tener el control de todo y logré muy poco. Ahora que me siento totalmente inhabilitada de controlar mi vida y la de los demás estoy desarmada y destruida.
Ayer murió la primera persona en con el virus en Santa Elena.
Está cerca, no podemos hacer nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario